Esencialmente un sistema hidráulico comprende la producción, transmisión y control de energía hidráulica, utilizando aceite como fluido. Se suministra energía al aceite, por lo general en forma de presión, mediante bombas, y se conduce a través de tuberías hasta motores o cilindros hidráulicos que se encargan de transformar la energía en trabajo. Las presiones utilizadas son relativamente elevadas, desde algunas decenas a varios cientos de kg/CM2.
Las modernas unidades están concebidas para poderlas ampliar según las necesidades.
Así pues, las bombas aspiran el aceite de un depósito, previamente hay que introducir un filtro que elimina posibles impurezas. Las bombas son generalmente de tipo rotativo, a base de engranajes, pero también pueden ser de pistón o incluso superiores a los 75 kg/CM2. Las bombas son accionadas directamente por motores eléctricos o bien van acopladas al motor principal. En el circuito se incorporan válvulas de seguridad, de dirección y de control de caudal, tuberías y finalmente el motor o cilindro hidráulico.
El grupo hidráulico es la base de toda instalación.
Los cilindros hidráulicos constituyen el sistema de accionamiento más sencillo, pero cualquier bomba de las anteriormente descritas puede transformarse en motor con sólo suministrarles fluido a alta presión. La diferencia entre unos y otros es que los cilindros efectúan un desplazamiento lineal y los motores o bombas convertidas generan un movimiento rotativo.
Unidad de potencia a base de cilindro lineal.
Los controles utilizados para el funcionamiento del sistema pueden ser de tipo manual (discontinuo o variable) y de tipo automático (de bucle abierto, cerrado o retroalimentación).
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